21 dic. 2009

Cruce de Caminos V

Eran las ocho en punto. Se hizo la despistada observando unos escaparates muy bonitos, de navidad, justo al lado de la entrada. Miró disimuladamente a los lados por si le veía venir, pero viendo que no, se decidió a entrar. Al llegar a su mesa se encontró con un sobre medio abierto. Mientras colocaba su abrigo en la silla escuchó revuelo por los pasillos. Algunos los oía reír y a otros maldecir. Se sentó en su asiento, abrió el sobre y leyó su contenido:
“Gran cena de gala la noche del 23 de diciembre. Se obliga a todos los empleados del edificio, sea cual sea su puesto, a presentarse. Hay que venir de etiqueta. Se anotarán en la entrada los nombres. Quien no asista, se tomarán medidas.
Dirección”
Carol no daba crédito a lo que leía. En tantos años trabajando allí jamás había asistido a una cena, fiesta o acontecimiento social. No era partícipe de ir a esos eventos ya que no conocía a nadie, jamás hizo amistades. Entendió el revuelo del pasillo, y más que una risa, se le vino el mundo encima… “Hay que venir de etiqueta” Además, tenía que comprarse ropa nueva. Apenas faltaban dos días…
Esa mañana los pasillos eran un caos. La gente iba con prisas a todas partes. Cuchicheos por un lado, gritos por otro. Era como si nadie supiera qué pasaba, ni el mismo director, pues después de oírle gritar vio cómo entró en el despacho que le separaban 20 pasos… ¿Tendría algo que ver su “amado”?
Se preocupó. El Sr. Martín jamás había pasado por esos pasillos. Los altos cargos tenían su propia entrada. Después de bajarse de su mercedes con chófer entraban por la puerta grande y el ascensor les dejaba justo en sus despachos. Algo muy grave había ocurrido para que pisara las alfombras humildes a paso fuerte y decidido.
No atendió el teléfono durante el tiempo que estuvo el Sr. Martín por allí. Tan sólo cuando le vio salir del despacho de Javier se calmó. Éste le puso la mano en el hombro y le dijo que no se preocupara, que todo iba a salir bien. Carol agachó la mirada, tecleó con la pantalla apagada y cuando le perdió de vista volvió a relajarse. En todos esos años no había vivido nunca una situación similar. Alzó la mirada hacia la puerta del despacho de Javier. Sus mejillas se ruborizaron cuando notó que éste la observaba. Quiso apartar su mirada disimuladamente hacia otro punto, pero no pudo. Aquel joven apuesto la hipnotizó, no podía apartarse ni un segundo, es más, no quería. Javier le sonrió y ella se la devolvió.
Aquella mañana todo era un caos, pero a partir de aquel momento, nada le importó. Miró otra vez la notificación y en lo único que pensaba era en qué se iba a poner en aquella caótica cena de gala…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Por favor... por favor... Quiero más!!!

De paso comentarte que me encanta tu blog... y que estoy intrigadisima con la historia.. Ojalá acabe bien... pero dános más datos de la historia...

Areta

lian dijo...

Buenos dias Sra. Claus,me tiene usted en ascuas, ¿cuantos capitulos quedan?, no veo la hora de leer el final...Este relato me recuerda a las antiguas novelas de la radio pero en version ciber, cuando mas interesantes se ponian acababa el capitulo.Un abrazo y suerte con la loteria.

Las recetas de Abunany dijo...

Falta mucho para la cena de galaaa!!!!!! me como las uñas por saber que pasará.

Un beso , cuidese Sra Claus.
Nancy

 
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